Historia de una locura común – “Under the influence”/”Bajo presión”/Maja Kleczewska/Critica

Sandra Korzeniak (Mable), photo de Magda Hueckel

por Tomasz Domagala, traducción de Barbara Michałek – Pendowska

Mabel Longhetti, la protagonista de la película de John Cassavetes titulada Mujer bajo presión, ama  la música clásica y, en particular, la ópera. Cuando está sola la escucha con pasión, se convierte para ella en una suerte de escapatoria de los problemas de la vida cotidiana, que se acumulan día a día y se vuelven insoportables y agobiantes. Incapaz manejarlos sufre un colapso mental. Todo termina en una estancia de medio año en un hospital psiciátrico.

Maja Kleczewska, en su versión teatral de la película de Cassavetes, llevada a cabo en el Teatro Silesiano, circunscribe la música clásica favorita de Mabel a tres obras: la escena de la locura en la ópera en la Donizetti Lucía de Lammermoor, el aria Ebben! Ne andrò lontana de la ópera de Catalani La Wally y un fragmento de El lago de los cisnes de Chaikovski. Siguiendo los pasos de Cassavetes, Kleczewska también trata la música clásica como una forma de huir de Mabel del mundo. Más si cabe, refuerza este hilo en su espectáculo incorporando escenas en las que Mabel, tocando el violoncelo, compone la música del espectáculo. Una música que se convierte –al igual que en la célebre película El piano de Jane Campion- en un <<lenguaje>> particular de la protagonista, a través del que nos habla de sí misma. Bueno es guiarse por la música y lo que ésta transmite, pues el guíon y los textos de Mabel no nos dicen gran cosa de la protagonista. Kleczewska ha decidido dar  voz ante todo a su protagonista y hay que admitir que lo ha hecho magistralmente. Otro <<idioma>> de Mabel es el cine, pero de eso hablaremos dentro de un momento.

Los fragmentos muscicales han sido elegidos con mucho cuidado. En primer lugar está la escena de locura de Lucía, que supone el final del conflicto con su hermano, quien la obliga a casarse con un hombre al que ella no ama. Justo después de la boda la muchacha mata a su esposo y  se velve loca. La ópera termina con la noticia de su muerte. A continuación, el implacable padre de La Wally, la protagonista de la ópera de Catalani, impone a ésta el siguiente ultimátum: o se casa con el hombre elegido por él, o debe abandonar su hogar familiar. En la famosa aria la protagonista se opone a su padre y se despide de su hogar. En fin, el fragmento de El lago de los cisnes que – al igual que en al película- acompaña la escena en  que Mabel, mientras juega con los niños, les manda a interpretar ante sus sorprendidos amigos la <<muerte de los cisnes negros>>. La ópera parece particualrmenete adecuada aquí porque una abrumadora mayoría de sus protagonistas son víctimas de sus padres, esposos, hermanos u otras figuras masculinas, así como de la convención, la jerarquía social o econémica y en fin, de la tradición. Mabel, escuchando precisamente a Lucía y a La Wally (en la versión no del todo operística de Agata Zubel) no solo se puede identificar con Lucía, que eloquece bajo la presión de la violencia de su hermano,  o con la Wally, víctima de la inflexibilidad de su padre, sino que puede también, por medio estas arias concretas o del fragmento de ballet de Chaikovski, expresar sus deseos más íntimos. Superar cualquier tipo de obstáculos en el camino hacia la felicidad con su amado, la huida de la casa familiar, lo que parece mejor que cumplir los deseos del padre, o la muerte de los cisnes, nos hablan más de Mabel en el contextro de su lucha con el mundo que la rodea, por su matrimonio, su vida, nos hablan de su intento de arreglar el oscuro pasado con su padre o el deseo de abandonar a sus propios hijos, que miles de palabras que podrín ofrecernos el guionista Cassavetes o el dramaturgo Chotkowski. Deseos íntimos, que a menudo no constituyen motivo de orgullo; tan pronto quedan desvelados, nos causan remordimientos. En el caso de Mabel ello se aprecia de forma diáfana en el asunto de sus hijos. Por un lado desearía – como todo lo que la agobia- abandonarlos; pero, por otro lado, su instinto maternal y el amor por ellos la hacen ser sobreprotectora y le generan una obsesión por sus hijos y por su seguridad. Se trata de una trampa sin salida,  en la que la protagonista se debate entre la huida y el retorno, entre un muro y otro muro. Kleczewska lo muestra de forma chocante en las escenas al estilo privet moments de Strasberg, cuando Mable corre dando vueltas por su apartamento.

El espacio escénico está dividido en dos, de forma muy parecida a como en La Tempestad, que dirigió Kleczewska en 2013. En la parte inferior de la escena tenemos el apartamento realista de los Longhetti. Encima de él hay una pantalla enorme en la que se proyectan grabaciones de lo que acontece en su casa, tomadas por varias cámaras , además de cuñas cinematográficas, que muestran otra faceta de la realidad que trancurre en el <<plano inferior>>. Puesto que no cabe duda de que la protagonista principal de la narración es Mabel, parece que dichas cuñas muestran su punto de vista, son proyecciones de su alma agotada que rueda hacia el abismo de la locura. Las proyecciones, en combinación con la música, se convierten en el <<lenguaje>> particular de la protagonista, mediante el cual nos cuenta su historia alternativa frente a una realidad cruel y llena de violencia. Ese engarce, (aunque no es un invento nuevo), se convierte en el eje principal de la estructura del espectáculo, que unido a la conmovedora actuación de Sandra Korzeniak, en el papel de Mabel, hace que sea uno de los más conmovedores espectáculos de los últimos meses o hasta puede que años. Un espectáculo sobre la mujer y sus micro-damas cotidianos, como nunca antes había habido en Polonia. Sin periodismo de opinión, diatribas políticas innecesarias o maralinas. Pura poesía teatral. Escribiendo esta reseña me doy cuenta de la imperfección de mis palabras, porque  para entender el espectáculo de Kleczewska hay que ir al teatro y, junto con Sandra Korzeniak y su personaje,  vivirlo. Quizás entonces podamos repetir el último gesto de Mabel: ponerse ante la pantalla de su propia alma y mirarla, tal vez por primera vez.

Desde el punto de vista de oficio teatral el espectáculo es una obra de arte.  Fiel a la película, diverge de ella, al igual que Mabel diverge de su realidad. No obstante de ello resultan solo beneficios. Las ideas de Kleczewska son simplemente mejores. Basta mencionar, por ejemplo, el tema ya comentado de la música o del engarce, que la directora desarolla a la perfección. Grandes aplausos también para Łukasz Chotkowski, esta vez por su sencillez y su entrega al servicio al guión de Cassavetes. Por su muy buen sentido del decoro en la estructura dramática del relato, basada en distintas narraciones. ¡Un excelente trabajo! Cuñas cinematográficas, proyecciones de vídeo y todo el lado visual del espectáculo, junto con la escenografía de Sławiński y Sobańska, y también el vestuario de Parol, es una absoluta obra maestra. Y no e posible olvidar todas esas escenas << al carbón>> perfectamente realizadas . ¡Que montaje! ¡Me inclino ante todos los creadores del espectáculo! Lo único que en mi opinión con pega con la puesta en escena es el cartel del grupo Homework.

Si alguien se ha acostumbrado acostumbrado a la forma de los últimos espectáculos de Maja Kleczewska, en Katowice, le espera una gran sorpresa. Kleczewska ha hecho un espectáculo aparentamente simple y lineal, con una historia contada de un modo <<normal>>. A lo que hay acto seguido que añadir: se trata de un espectáculo chocante, conmovedor, que permanece grabado en la memoria mucho tiempo; un espectáculo que es una obra de arte. Y lo que es más importante, en  mi opinión, es que Kleczewska ha hecho en el teatro lo mismo que Virginia Woolf en la prosa: ha elevado el drama de una mujer a rango universal, y gracias a ello nosotros, los hombres, tenemos la oportunidad de sentir, por dos horas, lo que sienten las mujeres y encontrarnos con ellas en esa comunión de sentidos. Y si alguno de nosotros fuera capaz – como hace Mabel – de slir de sí mismo y contemplar su locura en sentido crítico, la realidad de las mujeres (y la realidad en general)  a buen seguro se tornaría mejor.

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